En algún punto del camino
desviamos el rumbo,
igual que el viento.
Nos perdimos para siempre
en algún momento,
apenas sin darnos cuenta,
siendo distintos y ajenos.
Parecería que el tiempo
ha borrado nuestras huellas.
¡ Qué difícil se hace retomar la senda !
No somos los que un día fuimos,
ya no sabemos mirarnos a los ojos,
hemos perdido la estrella.
Las sombras se ciernen
sobre nuestros tristes pensamientos.
Se diría todo pintado de gris,
incluso un pasado lleno de penumbra,
un lugar muy adentro,
íntimo y desconocido,
en eterna transición hacia el oscuro invierno.
Se hace preciso una torre
a donde ascender,
un cerro, una montaña enorme
desde donde divisar el horizonte pleno.
Hay que escalar muy arriba
para poder desplegar nuestra alas
y volar;
una atalaya para mirarte a los ojos,
sin sombras y sin miedos;
Un lugar que nos muestre el sendero
al punto donde lo perdimos,
igual que los sueños.
Necesitamos un lugar para siempre,
un espacio nuestro,
como la Estrella Polar,
inagotable y eterno.
España en su laberinto
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Hoy publico un artículo en Expansión que incluyo aquí. No me había fijado
en el título del de Benito así que he estado poco original en ello. Nuestra
econo...
Hace 12 horas

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