Hace unos días, recorriendo en bicicleta por enésima vez la carretera que va desde el Puente de la Cerrada al Llano de las Casas, recién reparada después de treinta años de abandono vergonzoso, discutía con unos compañeros de excursión sobre la conveniencia de haber situado en una vía de esta categoría tal cantidad de quitamiendos de acero, que provocan más situaciones de peligro de las que evitan.
Ya se sabe. Puestos a no pedalear muy fuerte, todo es hablar. Uno del pelotón que tenía prisa en recuperar un ritmo de marcha razonable, nuevo en estas escapadas pero viejo en muchas otras compañías, zanjó tajante la cuestión: en estas carreteras los quitamiedos se ponen por los márgenes.
Si el Templo de Apolo en Delfos se constituyera en empresa de servicios, clasificada en el IAE bajo el epígrafe de oráculos, este colega sería su Pitonisa.